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lunes, 12 de noviembre de 2012

CAMBIO CLIMÁTICO: El Ártico, el nuevo El Dorado


Foto  de archivo del glaciar Humboldt, en Groenlandia. EFE/GREENPEACE/Nick Cobbing.

Madrid, 11 nov (EFE).- El Ártico es una gran masa de hielo rodeada de naciones, algunas las más grandes del mundo. Rusia, EE.UU, Canadá, Noruega y Dinamarca negocian sus límites fronterizos con esas aguas para realizar prospecciones, en las que se cree yace el 13 % del petróleo y el 30 % de las reservas de gas inexploradas.

Recientemente se ha confirmado lo que se venía venir desde hace años: un deshielo catastrófico en el Océano Ártico. El pasado mes de julio, científicos estadounidenses observaron que la superficie de Groenlandia afectada por el deshielo pasó de un 40 por ciento, cifra habitual, a más de un 90 por ciento, extensión récord en tan solo cuatro días.
Los últimos veranos el deshielo ha permitido ver por primera vez que dos míticos pasos nunca antes utilizables, el del Noroeste y el del Noreste, que permiten ir del Atlántico al Pacífico por el norte de Canadá y el norte de Siberia respectivamente, ya lo han sido.
Para el investigador microbiólogo, Carlos Pedrós Alió, del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), "a medida que se calienta el Ártico cada vez hay menos hielo".
Y por esto, las zonas que están próximas a la costa empiezan a estar abiertas todos los veranos, es decir, que se puede navegar, y es ahí donde se encuentran las plataformas continentales, donde se cree que está la mayor parte de las reservas de petróleo.

LOS RIESGOS PARA ENCONTRAR PETRÓLEO

Pero el petróleo tiene en el mar un historial salpicado de sucesos dramáticos, cuyas consecuencias en muchos casos todavía permanecen alterando el medio ambiente. Así, como explicó el investigador, "el problema está en que siempre que se realiza una intervención de este tipo existen riesgos de que haya accidentes, como se ha comprobado".
Como dijo Pedrós Alió, las empresas hacen un cálculo para el caso que haya un accidente, y consideran los medios que habrá que utilizar para limpiar la zona.
El problema está en que el único interés de la empresa es obtener beneficios, no preservar el medio ambiente. Por tanto, es obligación de las administraciones asegurarse de que el plan de limpieza esté bien hecho.
El accidente de la plataforma del Golfo de México que se incendió en 2010, demostró a los científicos algo muy importante: que aunque "ésta es una zona cálida, accesible y situada en uno de los países más desarrollados del mundo, sin embargo ocasionó todos los problemas medioambientales".
Y, por ellos, "la empresa (BP) va a tener que pagar cerca de 40.000 millones de dólares, además de lo que van a tener que pagar los contribuyentes por lo que habrá que hacer en adelante", subrayó el investigador.
"En el Ártico estas situaciones se complican mucho -continuó Pedrós- porque no hay experiencia y las compañías no están preparadas para solucionar un accidente si se produce en medio de una tempestad o en la oscuridad que hay en uno o dos meses, o bien si llegan placas de hielo con capacidad de romper las plataformas o las conducciones de petróleo".
El investigador sostuvo que, aunque los efectos serían los mismos que en cualquier otro lugar, el problema es que "el petróleo tiene compuestos volátiles y compuestos que flotan que pueden matar todo lo que se encuentra debajo. A la fauna de la costa, aves o mamíferos, estos compuestos les hacen perder el aislamiento térmico y, además, a las aves les impide volar, por lo que en una zona tan fría mueren enseguida unos y otros. La economía de las poblaciones que viven cerca del mar también queda destrozada. Así pues, los efectos son tanto para las aguas como para los ecosistemas y las poblaciones humanas en general".

LAS LAGUNAS DE LA LEY

Consideró el científico español que "resulta lógico que países como Noruega o Rusia, que tienen acceso a una gran zona de la plataforma ártica con grandes posibilidades de petróleo quieran explotarlo. Lo que ocurre es que hay que encontrar un equilibrio entre ese deseo de riqueza y las consecuencias que pueda tener su extracción".
Los destrozos que pueda haber en esa zona tan sensible son enormes y pueden perdurar por mucho tiempo o, incluso, ser definitivos.
Por eso, dijo Pedrós Alió, "alguien tiene que vigilar que las empresas lo hagan bien y que los estados cumplan unos requisitos mínimos" y afirmó que Canadá lo ha hecho de una forma muy cuidadosa porque posee muchísima costa en el Ártico.
Es distinta la actitud de países como Noruega o Rusia que carecen de poblaciones en esa zona, por lo que, como señaló el investigador, "la economía prima más que el bienestar de las personas".
Pero la legislación en este terreno es pobre y confusa. El profesor de investigación en el departamento de Recursos Naturales del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, centro mixto del CSIC y la Universidad de Baleares, Carlos Duarte, explicó la situación en la que se encuentran los países en litigio.
Los países que reivindican territorialidad están, desde hace tiempo, ocupados en desarrollos mineros y de gas y petróleo. Lo sorprendente es que "algunos gobiernos estén reabriendo esas minas de carbón que tras décadas estaban cerradas, debido a los enormes impactos que la emisión de metales pesados asociada a estas explotaciones causaron sobre la fauna y las personas en el Ártico", afirmó.
Otros muchos países lejanos están también implicados en la explotación. Australia, casi en las antípodas de Groenlandia, ha pedido el 40 % de las 200 solicitudes.
En referencia a las leyes internacionales, que establecen las limitaciones territoriales, Duarte explicó que "las leyes internacionales, en particular UNCLOS (UN Law of the Sea) fija 200 millas desde la línea de costa como aguas económicas exclusivas".
Sin embargo, dijo Duarte, "existe una provisión por la que los países que aporten evidencias de que su plataforma costera se extiende más allá de estas 200 millas pueden solicitar una ampliación del límite".
Todos los países con territorio en el Ártico están actualmente implicados en estas solicitudes, de forma que "las aguas internacionales del Océano Glaciar Ártico podrían, de aceptarse estas reclamaciones, quedarse en menos del 10% de la superficie de este océano", concluyó Duarte.
EFE
Guillermo Gonzalo Sánchez Achutegui
ayabaca@gmail.com
ayabaca@hotmail.com
ayabaca@yahoo.com

viernes, 6 de abril de 2012

CAMBIO CLIMÁTICO: Un aumento del dióxido de carbono en la atmósfera precedió el último deshielo

Hola amigos: AL VUELO DE UN QUINDE EL BLOG., El incremento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera de la Tierra pudo ser una de las causas del aumento de la temperatura que llevó al último deshielo, revela hoy un informe en la revista científica británica "Nature". 18-12-2009.- Icebergs-Océano Antártico : -SÓLO USO EDITORIAL-Autor: MICHAEL WILLIAMS - SEA SHEPHERD. EFE

Londres, 4 abr (EFEverde).- El incremento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera de la Tierra pudo ser una de las causas del aumento de la temperatura que llevó al último deshielo, revela hoy un informe en la revista científica británica "Nature".
Un equipo internacional de científicos, liderado por el estadounidense Jeremy Shakun, ha llegado a esta conclusión tras analizar las causas del deshielo, que empezó hace 15.000 años y terminó hace 12.000 años.
Anteriormente, los datos obtenidos de los núcleos de hielo de la Antártida ya habían insinuado la relación entre el dióxido de carbono y el aumento térmico, pero no dejaban clara la implicación del CO2 en la evolución de los ciclos glaciares.
Los expertos diferían entre si el dióxido de carbono tuvo un papel fundamental en el último deshielo, si su influencia fue secundaria o, incluso, si se trataba de una consecuencia del deshielo en vez de ser su causa.
Esta última hipótesis se debía a que en la Antártida el aumento térmico empezó 2.500 años antes de que empezara a concentrarse el dióxido de carbono en la atmósfera terrestre.
Según los autores del estudio, liderados por el científico de la Universidad de Harvard (EEUU) Jeremy Shakun, esa variación se debe a las oscilaciones de temperatura entre los dos hemisferios y no pone en duda el papel primordial del dióxido de carbono en el fin de la última época glaciar.
El análisis de 80 microorganismos planctónicos del planeta que aún conservan datos térmicos de la época concluye que, aunque hubo otros factores que favorecieron a nivel regional el calentamiento de la Tierra, el único que afectó a toda la superficie terrestre fue el incremento de CO2.
Entre las causas que también ayudaron al calentamiento figuraron la radiación solar, el aumento del nivel del mar o la disminución de la capa de hielo que cubría la Tierra.
Estos investigadores afirman que cada una de las dos fases de aumento térmico que se dieron en el último deshielo, la primera hace unos 17.000 años y la segunda hace 12.500 años, estuvieron precedidas por un notable crecimiento del dióxido de carbono. EFE
Guillermo Gonzalo Sénchez Achutegui
ayabaca@gmail.com
ayabaca@hotmail.com
ayabaca@yahoo.com